¿Quién eres tú duda?
¿Quién te has creído que eres?
¿Por qué me tratas así?
Yo te escucho, te presto atención, hago lo que me pides, te abedezco, a veces incluso ciegamente, y en lugar de hacerme sentir bien, esta sensación de ser un fraude que tanto te gusta.
Mejor sacar las palabras fuera para airearlas, a ver si eso me hace sentir mejor.
¿Qué quieres? ¿Por qué me tratas así? Cruel, mal bicho, despiadadamente me reconcomes sin miramientos, me llenas de ti y luego me escupes a la cara.
¿Qué esperas que haga?
¿No te das cuenta de que cada vez tienes menos fuerza?
¿De que cada vez te cuesta más convencerme?
¿De que ya apenas te escucho, y más aun, te planto cara?
¿A qué esperas para largarte y no volver más?
Descarada duda, estúpida duda, insignificante ya, te mueves perezosamente entre mis pensamientos, observadora, atenta, ves una pequeña grieta, apenas imperceptible y te cuelas.
¿Te siente mejor ahora?
Pues voy a decirte algo que seguramente te va a doler.
Te perdono...
Incluso ahora, con la sangre hirviendo por mis venas por tu causa, aun así, te perdono.
Pobre idiota, que vida más triste la tuya, tan vacía, tan sin nada que puedas decir que te pertenece. Viviendo de lo prestado, como una fantasía.
¿Aun te crees tan poderosa?
Te perdono, incluso te permito que te quedes un poco, te acomodes, te aposentes, que busques otra grieta, yo te seguiré perdonando cada día.
Unas veces me costará más, otras no tanto, pero lo seguiré haciendo.
Te perdono.
Puedes encontrar otra fisura, ha llegado el momento de que seas tú la que viva tu sueño, tu mentira.
Te perdono duda, por que de otra manera, no podría perdonar mi errores, ni aprender de ellos.
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